Más allá de las definiciones de diccionario y de aquellas dictadas por los "próceres" en materia de calidad, en la conciencia colectiva la calidad tiene un papel preponderante el cual es visible a todos los niveles y estratos sociales. Y es aquí donde toma fuerza la razón de que es el cliente el que dicta los atributos de calidad lo que permitirá posteriormente denominar un producto como "de calidad".
Por otro lado recordando que la calidad es también definida como la "aptitud para su uso" es entonces que podemos explicarnos el hecho de que haya productos para todos los gustos; que lo mismo haya gente que quede completamente satisfecha con una película pirata grabada en un cine que personas que exijan que se vea bien la portada u otros que no acepten menos que una original; en cualquiera de los tres casos anteriores los clientes han comprado un producto de calidad, lo que ha variado han sido sus especificaciones de calidad. Una pobre exigencia de calidad alentará la fabricación de productos de baja calidad. Todo lo anterior me lleva al planteamiento de que en nuestro país hace falta efectivamente una cultura de la calidad pero no solo para las empresas (a las que generalmente se encaminan los esfuerzos), sino también una cultura de calidad para los consumidores que son quienes finalmente pueden desear, pedir, exigir un determinado nivel de calidad.
Esta transculturización deberá de llevarse no solo de mano de la oferta de las empresas, sino también desde las escuelas y sobre todo, en la familia, clientes mas informados y exigentes impulsan empresas y economias mas competitivas.
JAIME CASTRO
Por otro lado recordando que la calidad es también definida como la "aptitud para su uso" es entonces que podemos explicarnos el hecho de que haya productos para todos los gustos; que lo mismo haya gente que quede completamente satisfecha con una película pirata grabada en un cine que personas que exijan que se vea bien la portada u otros que no acepten menos que una original; en cualquiera de los tres casos anteriores los clientes han comprado un producto de calidad, lo que ha variado han sido sus especificaciones de calidad. Una pobre exigencia de calidad alentará la fabricación de productos de baja calidad. Todo lo anterior me lleva al planteamiento de que en nuestro país hace falta efectivamente una cultura de la calidad pero no solo para las empresas (a las que generalmente se encaminan los esfuerzos), sino también una cultura de calidad para los consumidores que son quienes finalmente pueden desear, pedir, exigir un determinado nivel de calidad.
Esta transculturización deberá de llevarse no solo de mano de la oferta de las empresas, sino también desde las escuelas y sobre todo, en la familia, clientes mas informados y exigentes impulsan empresas y economias mas competitivas.
JAIME CASTRO
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